Carandini, la empresa que nos ilumina

Artículo aparecido en La Vanguardia el 24 de junio de 1995.
La firma catalana cumple 75 años y es una de las cinco primeras de España en iluminación pública e industrial. Lleván 75 iluminando todo lo susceptible de ser iluminado. Y lo han hecho sin darle al asunto bombo y platillo, porque prefieren más que sus productos funcionen y que el cliente esté satisfecho, que el resplandor efímero de la fama a corto plazo.

Pero muchos ciudadanos -de a pie pueden sorprenderse al saber que esta mediana empresa barcelonesa ha realizado buena parte de la iluminación de las calles de Barcelona y de otras capitales de provincia españolas que sus luminarias están presentes en decenas de kilómetros de autopistas, carreteras, cinturones de ronda y túneles de toda España, así corno en centros polideportivos, complejos industriales. monumentos históricos y en las radiactivas aguas de las piscinas de refrigeración de las centrales nucleares.

Pero su actividad no se limita a España, pudiéndose destacar algunas instalaciones realizadas en otros países, corno un hipódromo en China, una refinería de British Petroleurn en Venezuela, una central térmica en El Cairo y últimamente un proyecto tan importante como el túnel de Monternor, en Portugal.

La firma se llama Carandini e, ineluctablemente, italianos tenían que ser sus fundadores. Corre el año 1919 cuando los hermanos Giulio y Carlo Carandini, naturales de Módena, se dedican a importar componentes y ensamblar proyectores de cine, en unos momentos en que el séptimo arte vivía su mayor periodo de esplendor. La experiencia adquirida en las ópticas y las lámparas de las máquinas de cine propician que la firma empiece a interesarse por el campo de la iluminación. Grandes posibilidade dse negocio “Mi abuelo Giulio, que era un hombre inquieto y viajero impenitente, se sorprendió de lo bien iluminadas que estaban las capitales europeas de la época en comparación con la triste oscuridad que reinaba en muchas ciudades españolas”, explica Julio Carandini, director gerente de la firma. Entonces, mi abuelo y su hermano vieron en la iluminación urbana grandes posibilidades de negocio y empezaron a fabricar aparatos de iluminación con las primeras lámparas eléctricas incandescentes. Encontraron el campo abona
do en una Barcelona que preparaba su segunda gran Exposición Universal, la de 1929, es decir, ‘la ciudad de los prodigios’ tan bien descrita en la novela de Eduardo Mendoza”.

El hijo de Giulio, otro Julio, actual presidente de la firma, se incorpora a ésta en los años 40 y continúa la actividad en el ámbito de la iluminación urbana e industrial, en la España también triste y oscura de la posguerra. Pero en el decenio de los 60 la firma inicia una etapa de expansión al albur de los primeros planes de desarrollo. “Fue el momento en que se construyeron las primeras autopistas a la salida de Madrid y Barcelona y los grandes complejos petroquímicos, proyectos que demandaron cantidades importantes de material de iluminación, señala Julio Carandini júnior. “Por aquel entonces, mi padre había diseñado unas luminarias para lámparas de descarga de vapor de mercurio muy resistentes a la intemperie. Los contratistas de obras públicas y los instaladores eléctricos reconocieron pronto la calidad del producto y lo empezaron a tener en cuenta en todo tipo de proyectos. Se da la curiosa circunstancia de que muchas de estas luminarias todavía funcionan perfectamente al cabo de 30 años de ser instaladas. Es más, algunos
ayuntamientos de capitales españolas nos han llegado a decir que las han cambiado por otras
más modernas de nuestra marca, pero que no han tirado las antiguas para volver a utilizar
las en otras zonas carentes de iluminación. Y es que el concepto de calidad total, del que
tanto se habla ahora, ha sido una constante en nuestra firma desde su creación. Esta filosofia
de empresa en alguna ocasión ha supuesto la pérdida de una obra por no hacer productos
más efimeros, pero a la larga creo que nos ha beneficiado como imagen de marca.”

En los últimos años, Carandini ha instalado sus luminarias en importantes proyectos públicos y privados. En el apartaío de alumbrado viario, cabe destacar la iluminación de la autopista de Rubí-Terrasa-Manresa, las rondas del Litoral y de Dalt de Barcelona y carretera N-II (tramo el Maresme), entre otras. En cuanto a túneles, cabe destacar la iluminación de los del Garraf. del Bruc, Guardiola de Berguedá, Martinet, recientemente, el de Montemor, a la salida de Lisboa, etcétera. En lo que se refiere a instalaciones deportivas, cabemencionar la iluminación del estadio Vicente
Calderón de Madrid y varios complejos polideportivos en toda España. Y, como monumentos históricos o arquitectónicos, está la iluminación del Arc del Triomfde Barcelona, la catedral de Girona, el monasterio de Ripo11, el Sagrat Cor del Tibidabo y una obra tan significativa de la nueva Barcelona, como es el puente de Felip II.

Entre multinacionales La participación en esos y en otros importantes proyectos públicos y privados ha llegado a situar a Carandini entre las cinco primeras empresas de iluminación de España, y es la única firma española,junto a otra de Valladolid, que compite con multinacionales de la talla de Philips, General Electric y Schroeder. Carandini basa su estructura empresarial en
dos sofisticados centros de diseño, uno de productos y otro de proyectos, subcontratando buena parte de la producción de iluminarias a otras firmas, pero controlando desde el inicio hasta el final la calidad de los artículos.

Con una plantilla de 95 personas, la firma facturó por valor de 1.700 millones de pesetas en 1994 y las previsiones para el presente año elevan las ventas a 1.950 millones. Todo el producto de la empresa es de tecnología propia, desarrollado en el departamento de 1 + D y ensayado en los propios laboratorios. En noviembre de 1994, Carandini obtuvo el certificado de registro de empresa, otorgado por Aenor, en cumplimiento de las normas ISO-900l e ISO-9002.

Julio Carandini considera que la iluminación es una actividad industrial que, a primera vista, puede parecer sencilla, pero que resulta compleja si se desean obtener unos buenos resultados. “La clave de la buena iluminación estriba en lograr fuentes de luz que iluminen bien y de manera uniforme, que no deslumbren a las personas y que no consuman mucha energía, aspectó este último que hemos conseguido optimizar sensiblemente con las ópticas que incorporan nuestras luminarias y que han sido estudiadas para las nuevas lámparas de descarga, vapor de sodio, mercurio, etcétera. “Cuando iluminamos un estadio de fútbol, por ejemplo, hemos de tener muy
en cuenta que los jugadores vean bien la pelota, pero que al mismo tiempo no les deslumbren los focos y que la televisión no tenga problemas para retransmitir el partido. Pero también hay que lograr que el señor que está en la grada más alta del campo vea a la perfección todo lo que sucede en él. Todo ello, pues, implica un minucioso estudio previo de la instalación para evitar cualquier tipo de perturbación visual.”

Julio Carandini júnior, de 44 años y licenciado en derecho, entró a trabajar en la empresa familiar
cuando tenía 22. Su padre, un hombre clave en la expansión de la firma tras la Guerra Civil, le puso a trabajar en la fábrica montando luminarias. Terminados los estudios, Julio Carandi ni entra en el departamento comercial con la advertencia de su padre de que si quería hacer carrera profesional en la firma, cosa de la que no tenía ningún derecho adquirido por el mero hecho de ser su hijo, tenía que aprender un principio básico: no plantear problemas, porque eso lo sabía
hacer todo el mundo, sino aportar soluciones para resolverlos.

Carandini va adquiriendo mayores responsabilidades hasta que su padre le pasa el testigo de la gerencia en 1986. Ahora, con el apoyo de su hermano Javier, plantea la estrategia de una mayor expansión internacional de la firma. Su mayor afición es darle a la raqueta, ya sea en el paddle, frontón o tenis, y se le con sidera el “Thomas Muster” de Llavaneres.

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